En las montañas de Esquipulas, Guatemala, donde el café crece bajo sombra y las familias dependen de la tierra, el agua y el clima para sostener sus medios de vida, una nueva herramienta comienza a formar parte de la vida comunitaria: el monitoreo climático.
En la comunidad de Plan de la Arada, una de las zonas altas del municipio, ubicada entre los 1,300 y 1,500 metros sobre el nivel del mar, se instaló una nueva estación higropluviométrica comunitaria. Esta herramienta permitirá registrar información local sobre la lluvia, la humedad y otras variables clave para comprender mejor el comportamiento del clima en un territorio donde la agricultura, especialmente el cultivo de café con sombra, es parte central de la economía familiar.
La instalación forma parte del proyecto “Fortalecimiento del derecho humano al agua, la seguridad alimentaria y la resiliencia climática de las comunidades rurales del corredor seco de Guatemala”, implementado por la Asociación Centroamericana Centro Humboldt (ACCH) en Esquipulas, con el apoyo de INKOTA.
Tres estaciones para fortalecer el monitoreo en el Trifinio
En total, el proyecto contempló la instalación de tres estaciones higropluviométricas en la zona del Trifinio, en Esquipulas, Guatemala, con el objetivo de fortalecer la observación climática desde las comunidades y generar información útil para la toma de decisiones locales.
Estas estaciones se instalaron en comunidades donde las familias enfrentan los impactos de la variabilidad climática, pero también donde existen capacidades, organización y compromiso para construir respuestas desde el territorio.
Para Luis Roche Pineda, Coordinador de Proyecto en ACCH, el valor de estas estaciones está en poder dar seguimiento a la cantidad de lluvia que cae en las comunidades y contar con información que permita comprender mejor las condiciones climáticas locales.
“Básicamente, esta actividad que ACCH hace en estos territorios es para dar seguimiento a la cantidad de lluvia que cae. Estamos en un área de reserva nacional, en la parte del Trifinio, donde predomina el cultivo de café con sombra y donde buscamos apoyar un proceso de desarrollo rural que beneficie directamente a las familias”, explicó.
El proyecto trabaja en cinco comunidades: El Limón, Portezuelo, La Cuestona, Duraznal y Plan de la Arada, beneficiando a familias rurales que dependen de la agricultura, el agua y la organización comunitaria para sostener su vida cotidiana.






La ROCC: una red que observa el clima desde las comunidades
Con esta instalación, nuevos observadores climáticos comunitarios se integran a la Red de Observación Climática Comunitaria (ROCC) Centroamérica, una iniciativa regional impulsada desde un enfoque comunitario y familiar.
La ROCC está integrada por 10 organizaciones de Centroamérica y cuenta con más de 170 estaciones climáticas comunitarias, instaladas en distintos territorios rurales de la región. Su propósito es fortalecer la generación de datos climáticos desde las comunidades, promoviendo que las familias y liderazgos locales puedan registrar, interpretar y utilizar información sobre lluvia, temperatura, humedad y otros indicadores relevantes.
A diferencia de otros sistemas de monitoreo, la ROCC parte de una idea sencilla pero poderosa: las comunidades no solo viven los impactos del clima, también pueden observarlo, documentarlo y convertir esa información en decisiones para proteger sus medios de vida.
Desde este enfoque, cada estación instalada no es únicamente un instrumento técnico. Es también una herramienta de organización, aprendizaje y memoria comunitaria.
Plan de la Arada: observar la lluvia para cuidar el futuro
En Plan de la Arada, la estación será acompañada por dos observadores comunitarios: don Lucas Santiago Sánchez Martínez y don Santos Suchite, quienes tendrán la responsabilidad de apoyar la toma de datos y el seguimiento al comportamiento de la lluvia.
Don Lucas tiene 41 años y regresó a la comunidad hace aproximadamente dos años, después de haber vivido cerca de 19 años en Estados Unidos. Como muchas personas migrantes, partió buscando mejores oportunidades. Su primer sueño, recuerda, era construir una casa. Con el tiempo, dice, la vida le permitió hacer más de lo que había imaginado.
Hoy vive junto a su esposa y sus cuatro hijos, dedicándose al cultivo de café y a distintos negocios vinculados a la venta de terrenos y materiales de construcción. Su historia es también la de muchas familias que regresan al territorio con nuevos aprendizajes, nuevas responsabilidades y el deseo de aportar al desarrollo de su comunidad.
Para él, la instalación de la estación climática es una oportunidad importante porque permitirá contar con datos concretos.
“Me parece bien interesante, porque la verdad uno no tiene un dato para demostrar cuánta agua cayó o cuánto no cayó. Así ya tenemos un dato registrado”, compartió don Lucas.
Su mirada sobre el monitoreo climático es práctica y comunitaria. Sabe que todavía está aprendiendo, pero también reconoce que, con acompañamiento y capacitación, podrá compartir ese conocimiento con otras personas.
“Conforme vaya aprendiendo y con las capacitaciones que nos den, le enseñaríamos a los demás. Y usaríamos esos datos para proyectos a futuro, para ayudar a la comunidad”, expresó.

Datos comunitarios para la seguridad alimentaria y la resiliencia
En territorios como Plan de la Arada, la información climática puede marcar una diferencia. Saber cuánto llueve, en qué momentos se intensifican las lluvias o cuándo se presentan periodos secos permite a las familias y organizaciones comunitarias tomar mejores decisiones sobre sus cultivos, sus fuentes de agua y sus estrategias de adaptación.
El proyecto que implementa ACCH busca fortalecer las capacidades de las comunidades desde un enfoque de derechos, atendiendo vulnerabilidades relacionadas con el derecho humano al agua, la seguridad alimentaria y nutricional, y la resiliencia comunitaria frente al cambio climático.
Además de las estaciones climáticas, el proceso contempla otras acciones vinculadas al desarrollo rural, como la instalación de sistemas pequeños de riego por goteo con tinacos para la producción de hortalizas de clima templado. Estas iniciativas buscan diversificar la producción local y generar alternativas complementarias al cultivo tradicional de café.
Luis Javier Roche destaca que, aunque el café con sombra sigue siendo una actividad económica importante para las familias, el proyecto también busca abrir nuevas oportunidades productivas y fortalecer la relación entre los medios de vida y la conservación del territorio.
“Lo que se quiere es producir hortalizas como una alternativa más, aparte de lo tradicional. Buscar oportunidades para la actividad agropecuaria y armonizar esa convivencia con los medios de vida que las familias tienen acá”, señaló.

Aprender, conservar y sembrar conciencia
El trabajo del proyecto también contempla acciones con escuelas y grupos comunitarios para promover la reforestación, la educación ambiental y la sensibilización sobre la importancia de conservar esta zona de reserva.
En un territorio montañoso, con presencia de agua, bosque y cultivos bajo sombra, la conservación no es un tema abstracto. Está directamente relacionada con la posibilidad de seguir produciendo, alimentarse, cuidar las fuentes de agua y proteger la vida comunitaria.
Por eso, el monitoreo climático se convierte en una herramienta que dialoga con otros procesos: la agricultura, la educación, la organización local, la seguridad alimentaria y la protección de los bienes naturales.
Cada registro de lluvia será una pequeña pieza de información. Pero, en conjunto, esos datos ayudarán a construir una memoria climática local y a fortalecer la capacidad de las comunidades para prepararse mejor frente a los cambios del clima.
Una red que crece desde las familias
La instalación de estas tres estaciones higropluviométricas en el Trifinio reafirma el compromiso de ACCH con el fortalecimiento de capacidades comunitarias desde un enfoque familiar, territorial y organizativo.
En Plan de la Arada, la estación recién instalada no solo medirá la lluvia. También simboliza un nuevo paso para que las comunidades rurales puedan observar el clima con sus propios ojos, registrar lo que ocurre en sus territorios y utilizar esa información para cuidar el agua, la producción y el futuro de sus familias.
Con la incorporación de nuevos observadores como don Lucas y don Santos, la ROCC Centroamérica continúa creciendo como una red viva, sostenida por personas que, desde sus comunidades, convierten la observación del clima en una herramienta para la resiliencia.
Porque cuando una comunidad mide la lluvia, también empieza a escribir su propia historia de adaptación.

